Orígenes de la Basílica

Crucificado, de la Escuela de Cristo que trajo el presbítero don Juan Marín y que fue el primer elemento de culto hasta la creación de la capilla del hospital en 1719.

Juan A. Gómez Vizcaíno

El primer templo

La obra primitiva del actual Hospital la empezó en 1710 el soldado inválido Antonio Rosique, hombre extraordinario, que dedicó a la realización de esa empresa grandiosa todo su entusiasmo y todas las energías de su voluntad firme y perseverante. Sublime arrojo de su carácter tenaz, luchador victorioso de toda adversidad, que lo hizo merecedor a algo que no fuere el desdeñoso olvido con que la posteridad ha amortajado su humilde recuerdo.

Vivía habitualmente en el Hospital, haciendo suyos los dolores del prójimo y dando unción de fortaleza a las flaquezas humanas. 

Sin más elementos que su gran fe en sus nobles aspiraciones, acometió la obra gigantesca, en relación a sus pocos medios, de construir el actual edificio. Tuvo la satisfacción de ver concluidas a su muerte dos salas bajas, que puso bajo la protección de la Virge de los Dolores.

Murió en el mismo Hospital el 3 de mayo de 1718. Siendo Hermano Mayor D. Nicolás Montanaro, se concluyó la capilla del Hospital, cuya bendición tuvo lugar el 3 de mayo siguiente, 1719. Hasta entonces no había otro signo de nuestra religión que el Crucificado que trajo en procesión por treinta hermanos de la Escuela de Cristo, el presbítero don Juan Marín.

Detalle de la Lápida Conmemorativa de la ubicación del primer hospital (Ferrándiz: La medicina en la Cartagena de los Austrias, en Historia de Cartagena, Tm. VII).
Variación de las ubicaciones urbanas de los distintos Hospitales del SRHC en el casco de la ciudad desde 1697 hasta el traslado a los Barreros en los años cuarenta. Elaboración propia sobre plano urbano "Cartagena conventual"

Posteriormente se amplió la capilla y se elevó a iglesia oratorio público con campaña, bendiciéndose el 19 de mayo de 1724.

La hermosa imagen de nuestra patrona, desembarcó en Cartagena el sábado 17 de abril de 1723 y se llevó el mismo día al Hospital. Colocada en la capilla contigua a la sala de enfermos. El 19 de marzo de 1724 se impetró licencia de ordinario para bendecir la ermita oratorio público, obligándose al Hospital a mantéala con hipoteca de una casa de la calle San Cristóbal y a la ermita construida al efecto, con puerta a la calle y campana para convocar a los fieles al Santo Sacrificio de la misa, en virtud de auto dado por el ilustrísimo Sr. D. Tomás Montes, arzobispo, obispo de esta Diócesis, en 16 de febrero de 1729.

En marzo de 1729, bendecida una sala para ermita, fue trasladada a ella D. José de Sisa, administrador de aduana, costeó el trono de madera, primero pint ado de azul y más tarde de dorado.

No tardo mucho en sentirse la necesidad de ampliar tan reducido local de oración por el favor que tuvo del pueblo de Cartagena y así, el 15 de abril de 1742, el Hermano Mayor José González Infanzón así lo acordó en Junta de Gobierno, la edificación de una iglesia más capaz, en el sitio ocupado por el Camposanto contiguo al Hospital. 

La primera piedra se colocó el 27 de mayo de 1742, terminándose en enero de 1744. El 5 de febrero siguiente, fue bendecido el templo y el 7 del mismo mes, se trasladó a la imagen de Nuestra Patrona.

Reconstrucción idealizada De la Iglesia anterior al templo actual; Carlos Ferrándiz Araujo, Magna Caritas, Cartagena 1994.

A pesar de las sucesivas obras de reforma en el templo para su conservación y mantenimiento, ni la iglesia, ni el Hospital respondían al desarrollo alcanzado por la población y, en especial, a las necesidades de los tiempos, lo que se ponía de manifiesto en las épocas de enfermedades endémicas, ya que las salas resultaban insuficientes para atender a los afectados. Por otra parte, las modernas exigencias de higiene y ventilación, hacen que el Hospital resulte deficiente.

De ahí que la Junta de Gobierno venía preocupándose de la estado de cosas, si bien se estrellaba con la falta de recursos doblemente cuantiosos, ya que la ampliación de salas para enfermos y otras dependencias no podían llevarse a cabo sino afectando al sitio de la Iglesia. A ello invitaba además el estado notoriamente ruinoso que había alcanzado la iglesia, su reducida superficie que resultaba insuficiente para el numeroso público que asistía a los actos litúrgicos.

En tal situación, y como un ejemplo más de las ocasiones en que una urgente necesidad coincide con la aparición de los medios para satisfacerla, como consecuencia de las acertadas gestiones llevadas a cabo en Madrid por el cartagenero D. José Pedreño, quedaron allanadas las dificultades que habían entorpecido hasta entonces el que la Junta de Gobierno entrase en plena posesión del cuantioso legado de D. Isidro Marín y Fardel, cuyo experto destino de aplicación era el dedicarlo a obras de mejora de la Iglesia del Santo Hospital de Caridad de esta ciudad.

Además los herederos de D. Agustín Bosch dedicaron al mismo objeto una suma de no menor importancia, procedente del legado de su antecesor D. Gerardo Bosch, en reserva de destinar sus productos y valor en venta, si lo creyese necesario, a las necesidades del establecimiento.

El nombramiento de Hermano Mayor en abril de 1889 del ingeniero naval Tomás Eduardo Tallerie Ametller, tras el fallecimiento de su predecesor Ginés Moncada y Prats, fue definitivo para dar el impulso que necesitaba una obra de tal envergadura y desde aquel momento tomó fuerza el unánime propósito de proceder a la realización de lo que por este tiempo venía siendo el verdadero deseo de la Junta de Gobierno; pues si bien los recursos con que se contaba no eran suficientes para cubrir el coste de lo que había de hacerse, existía otro factor no menos importante y jamás desmentido en cuantas ocasiones se ha puesto a prueba, cual es la caridad y desprendimiento de los hijos de Cartagena. En efecto, una nueva e importante donación viene a sumarse a las disponibilidades financieras, ya que la Sociedad Minera Santa Barbara ha acordado entregar cincuenta reales por acción con destino a las obras, con la única condición de que una de las salas de la ampliación se denomine Santa Barbara y se destine a la curación de los mineros heridos.

El Hospital aún con la antigua Iglesia

A mediados de julio, el Hermano Mayor emprendió viaje a Madrid y posteriormente a Italia y Francia, para relacionarse con las empresas que debían aportar materiales a la obra. Con mucha esperanza, se acometió el plan de ampliación del Santo Hospital, comenzando por la traslación de la Iglesia al costado norte del mismo y se procedió a la confección de los planos. La prensa de la época lo recogía así: «la confección de los planos por una competente personalidad que no nombramos por respeto a su excesiva modestia, virtud inseparable del verdadero mérito; y sometidos aquellos a la aprobación, se obtuvieron con entusiasmo, primero de la Junta de Gobierno del Santo Hospital en sesión de 6 de octubre de 1889…». Hoy sabemos que el autor del proyecto y director técnico de la obra fue el inspector de primera clase del Cuerpo de Ingenieros de la Armada, D. Tomás Eduardo Tallerie Ametller, personalidad de esclarecido talento y vasta cultura que además fue Hermano Mayor de 20 de abril de 1889 a 21 de agosto de 1900, auxiliado por el también arquitecto diocesano D. Juan Millán.

El 13 de febrero de 1890 se puso la primera piedra por el Obispo de nuestra diócesis, D. Tomás Bryant y Livermoore, acompañado de la Junta y del numeroso público de Cartagena que, veía la inauguración de unas obras que habían de terminar la ampliación del Hospital y proporcionar, a la vez, mejor albergue a su querida Patrona.

La piedra se halla a 3,5 m al sur del eje de la puerta principal, a 2 m de la línea exterior de la fachada y a 3,4 m de profundidad. En una de sus caras laterales lleva las siguientes inscripciones: «13 februerius 1890 – Papa León XIII – Thomas Tallerie P. C. – Sor Teresia Guiteras».

El 14 de abril comenzó la cimentación quedando concluida el 27 de mayo, y ese mismo día el maestro aparejador, D José Boti Rizo, sentó los siete primeros ladrillos en memoria de los siete dolores de la Virgen.

Relatan las crónicas que en el mes de septiembre era notable la rapidez con que se llevaba a cabo la construcción del templo de la Caridad y que rara era la tarde que no se encontraba allí, lleno de polvo y preocupado con los planos, el ingeniero Tomás Tallerie, director de las obras y Hermano Mayor del Hospital.

Las paredes y pilares de ladrillos, hasta la parte baja de la cornisa, se construyeron desde el 27 de mayo al 22 de noviembre, fecha en la que se suspendió la obra para darle asiento. El 1 de marzo del año siguiente se reanudaron ya sin interrupción hasta su finalización el 1 de mayo de 1893. Destacaba de ella la gran cúpula que, bajo una estructura férrea, permitió la aplicación de materiales de gran modernidad, siendo la primera vez que se aplicó en España el cemento armado a gran escala. A primeros de este 1893 la prensa se hizo eco de la presencia del laureado pintor Manuel Ussel de Guimbarda para pintar el presbiterio de la nueva iglesia de la Caridad, así como los lienzos de los Santos patronos en el altar mayor.

Al comenzar septiembre se ofició misa en acción de gracias por haber mantenido ilesos a los trabajadores y se produjo la alocución del Alcalde, saludando la nueva construcción.

La consagración de la Iglesia, la más larga y solemne de las ceremonias religiosas, tendría lugar el sábado día 9 a cargo del obispo, D. Tomás Bryan y Livermore, tras depositar en el altar el día anterior las reliquias de los Santos Mártires.

La imagen de nuestra Patrona fue trasladada el día 10 de septiembre de 1893 a su nueva casa en medio del entusiasmo, en un acto de gran solemnidad y pompa, con asistencia de autoridades, ayuntamiento, Junta de Gobierno del Santo Hospital, quedando así inaugurada y abierta al culto diario.

La nueva iglesia del Santo Hospital de Caridad, bajo advocación de Nuestra Señora de los Dolores, presenta su fachada principal a la calle de la Caridad, y las demás a las de la Fuente y San Vicente, con puerta de acceso por ésta última.

 

Así describía el templo la prensa de la época: «…hermosa fachada estilo greco-romano, construida de ladrillo y cal con revestimiento de cemento, de cuyos materiales está construido todo el edificio hasta la cornisa que corre por encima de las tribunas, produciéndose verdadera admiración cuando, una vez franqueados los amplios escalones del pórtico y el hermoso cancel de cedro que da inmediato acceso la interior del templo, se comprende bajo un solo golpe de vista el rico, variado y hermoso espectáculo que ofrece tan sorprendente conjunto. La forma circular que afecta a la planta interior del edificio cerrado en las alturas por elegante y soberbia cúpula, se presta felizmente a que de una vez pueda abarcarse cuanto de artístico y bello es encierra en tan bien aprovechado espacio, bañado todo por la suave cuanto variada y viva luz que dan las artísticas vidrieras de colores de lal cúpula. Inspirado estuvo evidentemente quien concibió y dirigió tanta belleza, magistralmente armonizada con las exigencias de la majestuosa seriedad del templo.

El orden general arquitectónico de éste es el ya citado greco-romano, aunque responde más al estilo neoclásico que era el imperante entre las opciones arquitectónicas del cuerpo de ingenieros en el siglo XIX, desarrollado en un perímetro cuadrangular que mide 630 metros cuadrados de superficie entre iglesia y tribunas, siendo como hemos dicho, circular la forma interior con un diámetro de 20 metros. Sobre las capillas de la planta baja corresponde igual número de tribunas con balaustradas de piedra artificial, y sobre ellas corre una galería con balaustrada de hierro de donde arranca la atrevida y elegante cúpula que corona el edificio. Los materiales de que se compone ésta, son de hierro y cemento así como los pisos de las tribunas. El de la planta baja es de mármol blanco alternado sobria y artísticamente con losas negras de igual piedra.

Los hermosos lienzos que decoran la iglesia, cuyos altares son siete en conmemoración de los Dolores de Nuestra Señora, representan, siguiendo el orden en que se hallan desde el ángulo de la derecha entrando, a San Cayetano, San Francisco, la Sagrada Familia, San Fermín, Sta. Teresa, la Purísima, San Andrés y Santa Ana, y Santa Maria Cleofé y la Verónica en la capilla comulgatorio; y a contar de la izquierda también entrando, al Ecce Homo, Santa Clara y San Agustín, San Juan ed Dios, La Asunción, San Antonio y San Rafael, y Santa Maria Magdalena y María Salomé en la Capilla de las Ánimas; quedando en el centro el altar Mayor ocupado por la venerada imagen de Nuestra Patrona”.