historia del hospital
Hoja informativa expuesta en las islas de enfermos e iglesia: antecedente de las posteriores Cuentas de Cargo y Data (ASRHC; Lg.12, Cp.6)
Juan A. Gómez Vizcaíno
Los Orígenes del Hospital
Con motivo de las fiestas de la coronación de su Virgen protectora, la Virgen de la Caridad, y ya popularmente aceptado su patronazgo sobre la ciudad de Cartagena y sus vecinos, el diario El Porvenir publicó el lunes 16 de abril de 1923 una serie de artículos, que hoy día siguen manteniendo un especial interés, considerados como la fuente documental que posteriormente han utilizado muchos investigadores y que nosotros hemos trasladado aquí, en algunos casos en su integridad, enriqueciéndolos con una serie de notas intercaladas, para que el lector disponga al par que una literatura agradable de la información más completa.
El primero de ellos, que firma Pascual Martínez, con el mismo título que hacemos constar arriba, dice así:
«El origen de este Hospital, modelo en su clase, en todos los detalles que afectan a su sabia organización, y cuya fama se ha divulgado por el mundo entero, conquistando unánimes y merecidas alabanzas, se debe a la magnanimidad de un corazón generoso, sano en pasiones mundanas cuyos latidos de amor al prójimo eran en toda su magnitud para aquellos que gemían bajo el peso abrumador de la desgracia.
Francisco García Roldán, de Rute (Córdoba), soldado de la galera San Miguel y hermano de la Santa Caridad de Sevilla, empezó en el año 1693 a pedir limosna para atender a los gastos de enterramiento de los forzados de las galeras reales, cuyos cadáveres se depositaban en la ermita de La Guía, emplazada en la Muralla del Mar, en el sitio que hoy ocupa el edificio del Gobierno Militar.
Ausentase Roldán, por razón de su cargo, y quedaron encargados de continuar su obra de misericordia Alfonso Cervera, natural de Montefrío provincia de Granada, soldado de la galera Santa Ana,y Francisco Martínez, natural de Almería, soldado también de la galera San Nicolás de Bari.
En el mismo año de 1693 regresó Roldán a Cartagena acompañado de Francisco Brabo de Rosas, natural de Sevilla, y soldado de la galera Capitana, trayendo de aquella ciudad andaluza copiosos datos del instituto de su Santa Hermandad, y acariciando el loable propósito de establecer aquí una entidad semejante a aquélla, para consuelo de los desvalidos.
A este fin se pusieron de acuerdo con los mencionados Alfonso Cervera y Francisco Martínez, a los cuales, se unió por impulso propio, el soldado inválido Antonio Rosique, natural de Cartagena y hombre de grandes dotes para esta clase de empresas
Roldán, de Francisco Requena Hernández, en su primitiva ubicación (viejo Hospital junto al templo, 1907-1940), antes del traslado al nuevo Hospital (f. de Casau, AJRD).
Estos cinco individuos, apóstoles en acción de las máximas cristianas, poseídos del más puro sentimentalismo, sin más ambición egoísta que la de producir el bien, por la íntima satisfacción que su cumplimiento produce en el alma, empezaron en 1697 a recoger los enfermos pobres de toda clase y condición, que eran llevados a la casa de Roldán junto a la ermita de San Roque, la cual tenía su asiento en la calle que todavía lleva este nombre. Allí eran asistidos con el mismo esmero y la misma solicitud que si fueran individuos de la propia familia; y es que aquellos cinco héroes de la piedad, de tal modo habían saturado sus almas la doctrina del Crucificado, que hacían de la humanidad una sola familia, unida por un sólo lazo de amor.
Para atender a los gastos que originaba aquella labor piadosa, establecieron la costumbre de pedir públicamente limosnas con una capacha, forma de recolectar fondos que aún subsiste, nota característica de la institución que le da el sello de su progenie.
Esa capacha tradicional, cuyos vínculos con el sentir de este pueblo le han dado honores de institución, recoge desde hace 236 años la herencia de virtud que unas generaciones legan a otras, para que perdure una obra que tiene por su grandeza derecho a la eternidad
Del sureño «Capacho» a la «Capacha»: ¡Virgen de la Caridad / coraza de Cartagena! […] que de una cartuchera de soldado, hizo un palacio para los enfermos F.M.O., 1963.
Dicha obra halló, por propia virtualidad, apoyo decidido en las personas más importantes de la ciudad, las cuales consideraron conveniente agregarla a las cofradías de San Roque y Nuestra Señora de la Victoria, en la ermita de aquel Santo, fusión que se llevó a efecto el 31 de diciembre de 1700. Desde esa fecha, y en la casa de Roldán, empezó a funcionar con carácter público el que entonces llevaba el nombre de Real Hospital.
Aunque Roldán accedió a la fusión de las cofradías, debía creer, por lo visto, con firmeza de convicción, que su obra llevaba en la pureza de su esencia alientos más que suficientes para triunfar por sí sola, sin apoyo de aliados, y concibió el
grandioso proyecto de hacer congregación aislada, la cual diera a aquel pensamiento semidivino, de mitigar los dolores del prójimo, rasgos vivos de personalidad única en su misión altruista. A tal fin hizo la gestión necesaria cerca del Obispo y obtuvo de éste, el 4 de marzo de 1 701, la oportuna licencia para dar encarnación de realidad a la imagen seductora de aquel sueño que llenaba su mente de esperanzas halagüeñas. Con tal propósito, citó a Junta en la ermita de San Roque el 5 de abril siguiente y en esa junta se aprobaron los nuevos estatutos por los cuales había de regirse el asilo, libre de toda intervención extraña, y se procedió a la elección de cargos
Jardines del Hospital en su actual ubicación en el Los Barreros, alrededor de los años 40.
Despacho antiguo del Hermano Mayor. Foto: A. Lajarín.
En esa misma sesión se eligió Hermano Mayor a D. Gaspar Vila Casamijano, Caballero de la Orden de Santiago y Factor de las Reales Galeras, quedando Roldán de celador de la Junta de Gobierno, hasta el 2 de febrero de 1 703 en que fue elegido para el cargo de cuarto Alcalde o Mayordomo. Dicho cargo lo desempeñó con el entusiasmo pasional que ponía en todo aquello que íntimamente se relacionaba con el Hospital, el cual tenía para él las primicias de hijo predilecto. En 1708 pasó al socorro de Tortosa y no volvió a saberse más de aquel hombre singular, que agotó todas las energías de su vida en holocausto de la desgracia ajena, hombre que vivió enjugando lágrimas, y a quien, con mengua de la justicia, no le ha rendido todavía la posteridad el merecido homenaje a que se hizo acreedor por sus virtudes austeras.
La casa de Roldán era ya insuficiente para obtener los numerosos enfermos que iban a ella en demanda de socorro. En vista de esto, D. Juan Bautista Montanaro regidor de esta ciudad, cedió al Hospital dos casas que tenía contiguas a San Roque, a las cuales se trasladaron los enfermos, siendo la primera propiedad que tuvo este santo asilo.
Con motivo de la guerra de sucesión a la corona, en 1706, se confiscó la casa que en la calle de la Caridad vieja, perteneció al Regidor D. Agustín Tacón. Siendo a la sazón incapaces las casas contiguas a San Roque para albergar tanto enfermo, el Excelentísimo Sr. D. Luis Belluga, 0bispo de esta diócesis en tal fecha y Capitán General de Valencia, aplicó dicha casa confiscada para instalar en ella el Hospital. Este ilustre Cardenal, que tan sublimes y geniales rasgos de amor al prójimo tuvo en su vida sencilla de virtud inmaculada, no redujo a eso sólo sus donativos y su interés por la mayor prosperidad de la institución benéfica. Solicitó de la Junta de Gobierno se le admitiese como hermano de la Caridad, gracia que le fue otorgada, y frecuentemente, aprovechando todas las oportunidades que le ofrecían las circunstancias, repetía su munificencia inagotable estas limosnas, a más de 200 ducados anuales que tenía asignados al Hospital. No satisfecha su magnanimidad
con estas dádivas, pequeñas con relación a sus generosos impulsos, donó al Hospital, por escrituras de 9 de junio y 6 de agosto de 1720, el derecho al producto de las cinco partes destinadas a obras pías en el lugar de San Felipe, término de Guardamar.
Don Agustín Romero García, Caballero de la Orden de Santiago, Secretario Secreto de la Santa lnquisición de Murcia y Regidor Perpetuo de Cartagena, cedió los solares en que empezó a edificarse el actual Hospital. A este terreno fueron juntándose los contiguos, adquiridos unos por limosnas y otros por permutas o compras, operaciones en las que el egoísmo hizo abdicación completa de todo abuso>>.
